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26 de enero de 2026

IGCA CEI — La cancelación del Curso de Misioneros en Lumen de Lumine y la maquinaria de Toledo 2026

 

 IGCA CEI — La cancelación del Curso de Misioneros en Lumen de Lumine y la maquinaria de Toledo 2026

Hay momentos en que una organización se delata sola. No por lo que le descubren “desde afuera”, sino por lo que ella misma publica “desde arriba”. Eso es lo que ocurre con el COMUNICADO OFICIAL que anuncia la SUSPENSIÓN DEL CURSO DE MISIONEROS 2026 en el Monasterio Templo Rey Lumen de Lumine.

El texto pretende ser definitivo. Autoritario. “Formal”. Pero lo que genera —en cualquier lector que aún conserve criterio— es otra cosa: alarma.

Porque en pocas líneas, el documento acumula contradicciones, vacíos y señales de una cultura interna que parece estar más preocupada por controlar el relato que por explicar la verdad.

Y cuando una institución espiritual deja de dar explicaciones y se refugia en frases genéricas (“cupo”, “economía”, “misión”), hay que encender la luz. No la “mística”, sino la real: la luz de la evidencia, los números, las actas, y la rendición.



1) Un “comunicado oficial” que nace roto:

El comunicado informa que el curso —programado para iniciar el 4 de febrero de 2026— queda suspendido en esa sede por “razones de logística de cupo” y por “condiciones económicas”.

Hasta ahí, podría ser una decisión administrativa.

 En periodismo esto se llama bandera roja. En el mundo institucional se llama incompetencia grave. Y en una estructura que se presenta como “autoridad moral”, se llama falta de respeto a la comunidad.

Porque si una conducción no puede —o - , ¿Qué te hace creer que revisa lo complejo? ¿Cuentas? ¿Fondos? ¿Expulsiones? ¿Decisiones internas? ¿Actas?

Aquí nace una pregunta que nadie debería esquivar:

¿Quién redacta los comunicados?
¿Quién los aprueba?
¿Existe una secretaría responsable?
¿Hay un nombre, un cargo, una firma real, una trazabilidad?

Porque sin eso, “comunicado oficial” es solo un título. Un rótulo. Un efecto.


2) La excusa económica que no cierra: 40 años de cursos gratuitos y comida pagada por los asistentes

Este es el punto que deben leer todos, lento, dos veces:

Durante décadas —según múltiples testimonios coincidentes— el Curso de Misioneros se dio de forma gratuita.
Y cada asistente se pagaba su comida/estadía.

Si ese funcionamiento fue el estándar histórico (y hay gente viva que lo puede confirmar con relatos, listas, fotos, registros), entonces la excusa “no hay condiciones económicas” se cae sola.

Porque la pregunta es de lógica elemental:

Si el curso es gratuito y la comida la paga el asistente, ¿Dónde está la falta de dinero?

No estamos discutiendo filosofía. Estamos discutiendo una afirmación concreta. Y cuando una afirmación concreta no se sostiene, solo quedan dos opciones:

  • o están ocultando el motivo real,
  • o están intentando preparar a la comunidad para aceptar como normal lo que antes era inaceptable.

Por eso este punto debe quedar escrito sin rodeos: la excusa económica, tal como está formulada, no explica nada.

Y si no explica nada, es porque está diseñada para eso: para no explicar.

 QUE PASA?

Un clima de extrema tensión:  allanamientos, amenazas, peleas, situaciones violentas, y que por eso buscarían evitar estadías largas de gente que pueda ver y contar lo que pasa.

El comunicado deja de ser “administrativo” y se convierte en un intento de tapar una situación interna peligrosa.

 Si hay condiciones de convivencia deterioradas, amenazas o episodios graves, la comunidad tiene derecho a saberlo. Porque no estamos hablando de “mística”: estamos hablando de seguridad humana.

En una institución espiritual, la vara no debería ser “que no se note”, sino “resolver, transparentar, proteger y rendir cuentas”


3) El “cupo” como palabra–pantalla: cuando la ambigüedad es el objetivo

“Logística de cupo” es la clase de frase que sirve para todo y no compromete con nada. Es perfecta para una estructura que quiere evitar preguntas.

¿Cupo de qué? ¿De camas? ¿De cocina? ¿De seguridad? ¿De salón? ¿De transporte? ¿De baños? ¿De personal?
¿Cuántas personas se habían anotado?
¿Cuántas podían recibir?
¿Qué se rompió?

Un comunicado serio diría:

  • cupo total,
  • inscriptos,
  • rubros,
  • solución,
  • y plan alternativo.

Pero acá no hay datos. Solo palabras.

Y cuando una institución reemplaza números por palabras nebulosas, la palabra correcta no es “mística”. Es opacidad.


4) Toledo 2026: “no hay plata” para formar misioneros… pero sí para un congreso internacional

Entonces, seamos claros: si te dicen “no hay plata” para un curso formativo interno, pero al mismo tiempo promocionan un congreso internacional con sede de 12.000 m², equipamiento audiovisual, traducción simultánea y logística turística, la pregunta no es “¿por qué?”. La pregunta es:

¿Por qué te piden creer una excusa económica que no se sostiene frente a su propia agenda internacional? 

El mismo universo institucional que suspende un curso “por economía” impulsa, a la vez, el International Gnostic Congress en Toledo, España.

En el sitio del evento figura claramente: October 23–27, 2026.

Y no solo eso. El propio sitio promociona la sede y detalla capacidades:

  • Auditorio principal: capacidad 975 asistentes
  • 4 salas modulares: hasta 300 personas



La página oficial de Turismo de Toledo también informa lo mismo: auditorio 975 y salas panelables para 300.

Entonces, la contradicción no es una “interpretación”: es una realidad publicitada por ellos mismos.

¿Cómo se “imposibilita” un curso por economía, pero se despliega un congreso internacional con sede premium, técnica audiovisual, traducción simultánea y logística turística?

Si la economía fuera la verdad, la prioridad sería fortalecer formación local. Pero lo que se observa es otra lógica: la lógica del evento, la “foto”, el aparato, el desplazamiento masivo, la maquinaria.

Y la maquinaria, cuando funciona sin rendición, suele tener un motor: recaudación y control político interno.

Entonces, seamos claros: si te dicen “no hay plata” para un curso formativo interno, pero al mismo tiempo promocionan un congreso internacional con sede de 12.000 m², equipamiento audiovisual, traducción simultánea y logística turística, la pregunta no es “¿por qué?”. La pregunta es:

¿Por qué te piden creer una excusa económica que no se sostiene frente a su propia agenda internacional?

Y hay otra pregunta más directa, más humana, más actual:

En un mundo con crisis económicas reales, ¿por qué empujar a cientos o miles de personas a gastar en pasajes y estadías para Toledo, mientras se recorta o se cancela formación esencial en las sedes?

Si el argumento económico fuera real, la prioridad lógica sería: fortalecer la formación local, no promover un evento internacional que, por definición, multiplica costos.

Este es el corazón del engaño (si lo que sostienen ex participantes y testigos es correcto).

Porque si durante 40 años (según múltiples relatos de personas que asistieron) el Curso de Misioneros se realizó así:

·        Curso: gratuito (sin arancel institucional),

·        Comida/estadía: a cargo del asistente,

·        Logística: sostenida por la comunidad en forma directa,

entonces la frase “no hay condiciones económicas” para dar el curso en esa sede no cierra por ningún lado.

Dicho de forma simple:

Si el curso no se cobraba y la comida la pagaba el asistente, ¿Qué “falta de dinero” están invocando?

Cuando una excusa no se sostiene, lo que queda es lo que se intenta ocultar. Y en este caso, la hipótesis aparece sola: la razón real no es económica.

La economía, acá, parece ser un rótulo útil para que nadie pregunte lo que de verdad molesta: conflictos de poder, fractura interna, expulsiones, falta de instructores, y —según denuncias— problemas graves de convivencia y seguridad

Un comunicado honesto, frente a una medida tan sensible, debería explicar con precisión:

·        ¿Cuál era el cupo y cuántos inscriptos había?

·        ¿Qué parte exacta de la logística falló?

·        ¿Qué presupuesto se calculó? ¿Qué rubros?

·        ¿Qué ingresos se esperaban? ¿Qué faltó?

·        ¿Quién decidió? ¿Dónde está el acta?

·        ¿Por qué se suspende allí pero “continúa” en otros monasterios?

 


5) El aforo (975) y la pregunta incómoda: ¿Quién vive el congreso “adentro” y quién lo mira por pantallas?

Este punto es dinamita porque toca dos cosas: privilegio y dineroEl sitio del Congreso es claro: auditorio principal para 975 y 4 salas modulares de hasta 300.

El auditorio principal es para 975.
Y se promocionan salas adicionales.

Si se inscriben más de 975, el escenario típico es “overflow”: gente mirando por transmisión desde salas secundarias.

Entonces la pregunta periodística correcta es:

  • ¿Se cobrará lo mismo a quien esté en el auditorio principal que a quien vea por pantalla en otra sala?
  • ¿Quién decide quién entra al auditorio?
  • ¿Habrá VIP, cortesías, dirigencia, “acomodados”, y el resto a salas?
  • ¿Habrá precios diferentes según experiencia real?
  • ¿Se informará eso antes o después de cobrar?

Si se cobra igual a todos, pero no todos reciben lo mismo, estamos frente a una estructura perfecta para recaudar con desigualdad.

Y si, además, cierran con ceremonias “internas” o “litúrgicas”, la pregunta se vuelve aún más seria:
¿quién entra a la ceremonia “real” y quién la mira como espectador remoto?

En toda organización sana, estas cosas se informan. En estructuras cerradas, se ocultan. Y luego se justifican con moralina.

Entonces tu pregunta es perfectamente pertinente (y necesaria):

·        Si asisten más de 975, ¿qué pasa con el resto?

·        ¿Se los manda a salas anexas a mirar por pantallas?

·        ¿Se cobra lo mismo a quien está en el auditorio y a quien está en “overflow” viendo transmisión?

·        ¿Quién decide quién entra al auditorio? ¿Habrá “VIP”, cortesías, dirigencia, “acomodados”?

·        ¿Se publica un esquema transparente de categorías y precios?

Esto no es detalle técnico. Es ética de evento.

Porque en cualquier congreso serio, si hay experiencias claramente distintas (auditorio vs sala secundaria), se informa de antemano y se cobra de manera acorde, o se asigna con criterios transparentes. Si no, lo que se crea es un sistema perfecto para:

·        privilegios silenciosos,

·        jerarquías encubiertas,

·        y recaudación sin equivalencia de servicio.

 Suelen cerrar con “misa” o ceremonia, no entran todos en la sala grande  Un centro de congresos es un espacio multipropósito; puede albergar actos, sí. Pero la pregunta periodística es:

¿Cómo van a presentar esa ceremonia ante el recinto y ante la contratación? ¿Acto cultural, cierre institucional, liturgia? ¿Está previsto y autorizado? 


6) La frase del congreso: propaganda mística para blindar poder

En el sitio del evento aparece esta frase, como lema identitario:




 Leída en frío, suena poética. Leída con contexto, suena a otra cosa: narrativa de dominio.

Porque psicológicamente esa frase hace cuatro operaciones típicas del poder:

  1. Grandiosidad para anestesiar crisis
    Cuando hay conflicto, se responde con épica: “cinco continentes”, “cosecha del Sol”. Así se tapa lo concreto.
  2. Blindaje moral
    Si ellos son “la luz” que “une almas”, quien pregunta queda fácil de etiquetar como “negativo”, “traidor”, “oscuro”. El marco está armado para que la crítica sea “pecado”.
  3. Captura de identidad
    No hablan de “personas”, hablan de “almas”. Eso convierte pertenencia en destino espiritual: salir o cuestionar se vuelve trauma, culpa, miedo.
  4. Marketing con halo sagrado
    Es propaganda con ropaje religioso: no rinde cuentas, seduce.

 

1.     Grandiosidad para anestesiar crisis

Cuando hay fracturas internas, se responde con épica planetaria. Es el truco más viejo: que la gente mire “la cosecha del Sol” en vez de mirar cuentas, expulsiones, conflictos y decisiones sin actas.

2.     Blindaje moral
Si ellos son “la luz” que “integra almas”, entonces el que cuestiona queda fácil de etiquetar como “negativo”, “traidor”, “oscuro”, “kármico”. No hace falta decirlo: el marco simbólico lo sugiere.

3.     Captura de identidad
No dicen “unimos personas”, dicen “unimos almas”. Eso convierte la pertenencia en asunto espiritual, y la salida o crítica en “quiebre interior”. Es un mecanismo muy típico de estructuras cerradas: no discuten hechos, discuten “pureza”.

4.     Marketing místico
“Lampos”, “cosecha del Sol”, “cinco continentes”: lenguaje diseñado para impresionar y reclutar. Pero el periodismo hace la pregunta incómoda: ¿dónde están los números, los criterios, las actas, las rendiciones?

El contraste es brutal: el mismo “Lumen de Lumine” que se vende como faro planetario en Toledo 2026 es el lugar que cancela formación interna con una excusa que, por tradición, no se sostiene.


7) La señal más grave: documentos “copiar–pegar” y firmas idénticas

La comunidad debe mirar con lupa:

En distintos comunicados, las firmas aparecen “exactamente iguales”, como si fueran la misma imagen pegada una y otra vez.

Si esto se verifica (y para eso basta con comparar 3, 5, 10 comunicados), entonces no estamos ante firmas manuscritas reales en cada documento, sino ante un procedimiento de plantilla:

  • firmas escaneadas,
  • pegadas digitalmente,
  • repetidas sin variación,
  • para dar apariencia de acto formal.

 Si las firmas son siempre idénticas, la pregunta deja de ser “quién firmó” y pasa a ser “quién armó el archivo”.
Porque el autor material del documento no es el que “figura”, sino el que lo editó y lo publicó.

Entonces las preguntas que deben hacerse públicas son:

  • ¿Quién redacta los comunicados?
  • ¿Quién los maqueta?
  • ¿Quién “pega” firmas?
  • ¿Qué sistema usan: acta real con firma en tinta o imagen repetida?
  • ¿Existe un registro interno de versiones?
  • ¿Hay una secretaría de comunicaciones con nombre y apellido?

Esto no es “persecución”. Esto es una exigencia mínima de seriedad.
En una institución que pretende autoridad espiritual, la transparencia documental debería ser más alta que la de cualquier empresa, no más baja.

Porque donde hay documentos opacos, luego suele haber cuentas opacas.
Y donde hay cuentas opacas, el pueblo paga.


8) Lo que se denuncia “en verificación”: fractura interna, expulsiones y falta de instructores

 Según relatos internos, no suspenden por economía: suspenden porque no pueden sostener la formación.

¿Por qué?

  • enfrentamientos internos,
  • rupturas entre instructores,
  • expulsiones,
  • “excomuniones”,
  • y un vaciamiento de quienes daban el curso.

Y esto es decisivo: si una institución se queda sin instructores capaces o reconocidos, la formación se derrumba. Entonces el “cupo” y la “economía” pasan a ser el decorado perfecto para ocultar lo que en verdad pesa:

Se quedaron sin estructura humana para sostener lo que prometen.

En vez de admitirlo, emiten comunicados con frases nebulosas.

·        enfrentamiento interno entre dirigentes/instructores,

·        expulsiones (“echan gente”),

·        excomuniones,

·        y una crisis de instructores: los que daban el curso ya no están, fueron desplazados, o se rompieron entre sí.

Si esto es correcto, entonces la cancelación se vuelve lógica: no pueden sostener la formación porque la estructura que la impartía fue destruida desde adentro.

Y acá aparece un fenómeno típico de organizaciones en crisis: cuando falta conducción real, se reemplaza la formación por:

·        propaganda,

·        eventos,

·        liturgia,

·        y control administrativo.

Es decir: se sostiene la escenografía porque la sustancia se está cayendo.


9) El mecanismo completo: se recorta formación y se empuja evento

Leé esta secuencia y pensá si no la viste antes en otras organizaciones:

  1. Se suspende formación local (que forma criterio en la gente).
  2. Se impulsa evento masivo internacional (que emociona, unifica, recluta).
  3. Se exige esfuerzo económico en un contexto global difícil.
  4. Se controla acceso y jerarquías (auditorio vs salas).
  5. Se envuelve todo en lenguaje sagrado (“luz”, “almas”, “Sol”).
  6. Se evita rendición (“es por la misión”).

Eso no es “misión”. Eso es una estructura que aprende a sobrevivir administrando emociones… y dinero.


10) Preguntas públicas que deben responder con documentos

Estas preguntas deberían circular en todas las sedes. Porque son simples, concretas, y no se responden con mística:

  1. Fecha: ¿Por qué un curso 2026 JUSTO SE CLAUSURA DESPUESDE TANTAS DENUNCIAS Y EXPULSIONES GAMALIEL, CASTILLO, ETC ?
  2. Economía: Si el curso era gratuito y cada asistente pagaba su comida/estadía, ¿qué “falta de dinero” concreta hay? (rubros, cifras)
  3. Cupo: ¿Cuál era el cupo real y cuántos inscriptos había?
  4. Instructores: ¿Quiénes iban a dictar el curso? ¿Por qué no se dicta? ¿Hubo expulsiones/falta de instructores?
  5. Acta: ¿Existe acta formal de suspensión? ¿Quién votó y por qué?
  6. Toledo: ¿Cuántas inscripciones esperan para un auditorio de 975?
  7. Desigualdad: Si hay overflow a salas, ¿se cobrará lo mismo? ¿Quién entra al auditorio? ¿Habrá VIP/cortesías?
  8. Presupuesto: ¿Cuál es el presupuesto del congreso y cómo se audita?
  9. Comunicación: ¿Quién redacta y maqueta los comunicados? ¿Por qué se repiten firmas idénticas?
  10. Rendición: ¿Dónde se publica la rendición de fondos a la comunidad?

 Porque si todo es limpio, la transparencia es fácil.
Y si no lo es… el silencio es respuesta.


Pero hay señales típicas de “máquina recaudatoria” cuando se combinan:

·        suspensión de formación local “por economía”,

·        empuje de evento internacional,

·        presión financiera a sedes y miembros,

·        jerarquías de acceso (auditorio vs salas),

·        y ausencia de presupuesto público.

Por eso las preguntas correctas (las que incomodan) son estas:

·        ¿Cuál es el presupuesto total de Toledo 2026?

·        ¿Qué ingresos esperan? (inscripciones, donaciones, ventas, aportes nacionales)

·        ¿Cuánto cuesta el recinto y la técnica?

·        ¿Quién administra esos fondos? ¿Cómo se audita?

·        ¿Qué porcentaje vuelve a las sedes y qué porcentaje queda en “central”?

·        ¿Existe un informe financiero para la comunidad?

Si la institución vive de aportes y sacrificio de su pueblo, la transparencia no es opcional: es obligación moral.


LLAMADO A LA COMUNIDAD

A quienes todavía creen de buena fe:

No te pido que “me creas”. Te pido que mires. Que compares. Que preguntes.

  • Pedí el acta.
  • Pedí el presupuesto.
  • Pedí los nombres de quien redacta los comunicados.
  • Pedí que expliquen por qué los documentos aparece firmados por las mismas firmas exactas  .
  • Pedí que expliquen por qué invocan “falta de dinero” si el curso fue históricamente gratuito y la comida la pagaba el asistente.
  • Pedí que expliquen si Toledo 2026 será un congreso de iguales o un teatro de privilegios: 975 adentro, el resto por pantallas, pagando lo mismo.

Y sobre todo: no te dejes chantajear emocionalmente con palabras como “luz”, “alma”, “misión”, “karma” para que no preguntes lo básico: qué hacen con tu esfuerzo, tu dinero y tu confianza.

La espiritualidad auténtica no necesita ocultarse detrás de comunicados mal hechos ni de firmas pegadas.
La verdad no le teme a los números.
La misión real no se defiende con propaganda: se defiende con coherencia, humildad y transparencia.

Si amás la obra, entonces defendela de quienes la están vaciando desde adentro.


ANEXO — SE HABLA DE NUEVA LITURGIA -NEGOCIO REDONDO- Toledo 2026: la liturgia como caja (650.000 USD de piso)

Si en Toledo 2026 van a “mover” liturgias (libros oficiales y material litúrgico) como parte del circuito del congreso, entonces hay que decirlo sin eufemismos: no estamos ante un servicio espiritual; estamos ante un modelo comercial montado sobre lo sagrado.

Porque la liturgia, cuando es auténtica, no se impone como peaje: se comparte, se cuida, se honra.
Pero cuando la “liturgia oficial” se convierte en requisito —y encima se vende—, el rito deja de ser altar y se vuelve mostrador.

El número que no se puede esconder

Con la estructura de precios que ya circuló internamente  , el cálculo es brutal:

  • Compra mínima inicial: 3.000 ejemplares

  • Precio mínimo por unidad: 100 USD
    ➡️ 3.000 × 100 = 300.000 USD

Luego, el esquema se completa con compras adicionales por país para “distribución”:

  • Promedio estimado: 350 ejemplares extra por país

  • A 100 USD c/u: 35.000 USD por país

  • En 10 países activos: 350.000 USD

➡️ Total piso: 300.000 + 350.000 = 650.000 USD
Solo por liturgias. Solo por la primera tanda.

Y esto, si además existe el recurso de “versiones actualizadas” (que fuerzan recompras), puede convertirse en una rueda perfecta: siempre hay una edición nueva, siempre hay una compra obligada, siempre hay caja.

Toledo como “caja central”

Un congreso internacional es el escenario ideal para hacer esto sin que se note:

  • se concentra gente de muchos países,

  • se instala presión simbólica (“si no tenés el material oficial, estás fuera”),

  • se empuja la compra como “misión” o “requisito”,

  • y se aprovecha el evento como punto de recaudación.

Por eso, si la liturgia se vende en Toledo, la pregunta ya no es “¿por qué venden?”.
La pregunta es:

¿Quién cobra, a nombre de quién, y dónde está la rendición?

Lo que la comunidad debe exigir antes de pagar un dólar más

Si esto es limpio, se responde con papeles. Si no hay papeles, hay alarma.

  1. Lista oficial de precios (antes del congreso).

  2. Quién imprime, quién factura y en qué país.

  3. Cuántos ejemplares se imprimen y cuántos se venden.

  4. Cuenta bancaria / entidad legal receptora.

  5. Balance y auditoría externa: ingresos, egresos, destino del dinero.

  6. ¿Es voluntario o requisito? Si es requisito, ¿Dónde está escrito y con qué justificación?

Porque lo más peligroso no es vender un libro:
lo más peligroso es venderlo como condición de pertenencia, y encima sin rendición.

Si la liturgia vale, no se usa para capturar.
Y si la “misión” es real, no se financia con opacidad.