¡Golpead y se os abrirá! "Los OJOS"

17 de febrero de 2026

“La Iglesia del Miedo: vigilancia interna, listas negras y control total”

 

 La Santa Aduana del Silencio

Imprenta, obediencia y castigo: el sistema de control que denuncian dentro de la IGCA CEI Argentina



Durante años, la promesa fue espiritual: estudio, misión, trabajo interno, fraternidad.

Pero, según relatos cada vez más numerosos desde dentro de la IGCA CEI Argentina, lo que se consolidó fue otra cosa: un núcleo de mando cerrado donde se habría fusionado el control doctrinal, administrativo y disciplinario en manos de tres figuras: Juancito Swing (vicario), José García (obispo de santificación, ex presidente administrativo) y Pablo García (obispo de enseñanza).

Lo que se denuncia no es una diferencia de estilos. Se denuncia una arquitectura de poder, detrás dirigiendo en las sombras Alfazak.

 

1) Juancito Swing: del taller de imprenta al centro de la autoridad

Las fuentes internas ubican el origen del ascenso de Juancito Swing en su rol como impresor y en su cercanía con Rodolfo Pérez Luján y Eduardo Setembrino, (los tres antisemitas y racistas).

Las eternas publicaciones de los protocolos de los sabios de Sion, un libro no Samaeliano.


A partir de ahí, afirman, comenzó una dinámica que cambió el equilibrio de la institución: la llamada “selección de textos”.

En teoría, “revisión”.
En la práctica, según denunciantes: filtro, control y centralización.

El punto más delicado es que esa práctica chocaría con el espíritu atribuido a Samael Aun Weor, el fundador, quien habría dejo una línea de amplia circulación de obras y no de cerrojo editorial. En ese contexto, el control de imprenta no sería un detalle técnico: sería la llave para decidir qué entra al altar y qué queda afuera.

Y cuando alguien controla la puerta del texto, termina controlando la puerta del poder.

 2) “Canon privado”: de la biblioteca abierta al texto autorizado

Dentro de la base se repite una analogía fuerte: “hoy hacen su propio canon”.

Aquí conviene precisión histórica: el Concilio de Nicea (325) fue convocado principalmente por la controversia arriana, no para fijar de una vez el canon bíblico. La conformación del canon fue un proceso más largo y gradual, con acuerdos y decisiones posteriores en distintos ámbitos eclesiales.

¿Entonces por qué la comparación aparece tanto?
Porque, para los críticos internos, la discusión no es académica: es política.
La pregunta de fondo es vieja y filosa: ¿Quién decide qué texto tiene autoridad y qué texto se descarta?

Cuando esa facultad queda concentrada en pocas manos, la doctrina deja de circular como enseñanza y pasa a funcionar como instrumento de obediencia.


video samael dando los derechos de autor





3) José García: de la administración al obispado de santificación



José García es descripto como una figura bisagra del modelo de mando:
pasó de presidente administrativo a obispo de santificación, y hoy aparece señalado por fuentes como una de las tres personas de mayor poder real dentro de la IGCA CEI Argentina.

Las acusaciones internas que se repiten incluyen: presuntas irregularidades en donaciones, inconsistencias documentales, manejo opaco de recursos y uso de jerarquía para obtener ventajas personales.
No son cargos menores. Son señalamientos que, de corroborarse, afectarían la legitimidad moral y administrativa de toda la estructura.

El costado personal que impactó en lo institucional (según testimonios)

En La Falda, distintos relatos sostienen que José García habría atravesado una crisis por una presunta infidelidad de su esposa Silvita Cruz, con un misionero Daniel Ciota.


Según esos testimonios, los encuentros habrían ocurrido en una vivienda alquilada frente a la Hostería Fénix.

Este dato se incluye porque las fuentes afirman que no quedó en el plano íntimo: habría impactado en clima interno, trato y decisiones.  

4) Pablo García: enseñar para formar o enseñar para bloquear




Sobre Pablo García, los testimonios son casi unánimes en el tono: “no construye cuadros, los frena”.

La crítica no apunta a su biografía, sino a su método de conducción:

  • respuestas ambiguas,
  • consultas que vuelven “mal” para inmovilizar,
  • permisos selectivos,
  • uso instrumental de misioneros según conveniencia.

Su etapa misionera en Carmen de Patagones es citada por críticos como limitada y sobredimensionada luego como respaldo de autoridad. Resultado, dicen: estructura cansada, base desmotivada y dependencia creciente de la cúpula.

La historia íntima de Pablo García —según testimonios internos— no empieza en los altares, sino en la carencia: un entorno humilde, sin formación académica sólida, con una vida marcada por la precariedad y la sensación de estar siempre afuera de los espacios de reconocimiento.

El quiebre llegó cuando se vinculó con una mujer mayor, atravesada por el duelo y la soledad, heredera de un patrimonio importante tras la muerte de sus padres. Distintas voces sostienen que, en ese vínculo, Pablo no solo encontró afecto: encontró una puerta de ascenso social y económico que hasta entonces le era inaccesible.

Para quienes lo observaban desde cerca, no fue una historia romántica común. Fue, presuntamente, una relación atravesada por asimetrías: ella vulnerable, él ambicioso; ella sola, él en búsqueda de salida. Ese vínculo habría cambiado su destino material en muy poco tiempo, y con ese cambio empezó también una mutación en su forma de pararse frente a los demás.

Desde entonces, según relatan miembros que convivieron con su proceso, la lógica habría sido siempre la misma: usar el vínculo, la posición y la necesidad ajena como escalera. Lo que primero apareció en su vida privada, después —afirman— se trasladó a su forma de conducir: control, manipulación de cercanías, y cálculo permanente de utilidad.

En ese marco, su paso misionero por Carmen de Patagones quedó como un episodio discutido por la base: rendimiento cuestionado, relato agrandado, y una imagen de “autoridad” construida más por aparato interno que por mérito formativo real.

Para sus críticos, la conclusión es dura pero clara: la historia íntima no sería un dato de color; sería la matriz de su conducta pública. Primero aprendió a ascender aprovechando fragilidades; después, a gobernar administrando dependencias.

 

 5) Vigilancia interna: fotos, contactos y “enemigos”



Uno de los ejes más inquietantes del relato interno es la vigilancia social de miembros:
quién aparece en una foto, con quién habla, con quién no debe hablar, qué vínculo “conviene cortar”.

Muchos describen esa práctica como una lógica de “inteligencia interna” más cercana al control político que a la vida espiritual.

La comparación “tipo Gestapo” aparece en testimonios por el clima de temor y delación. Históricamente, la Gestapo fue la policía política secreta del nazismo y un instrumento de persecución brutal, por eso la analogía carga una gravedad extrema y no debería usarse livianamente.
Aun así, el solo hecho de que miembros usen ese paralelo para describir su experiencia debería activar alarmas institucionales.

 

6) Inquisición, evangelización forzada y espejo incómodo

Otra comparación frecuente dentro de la base es con la Inquisición:
disciplina cerrada, sospecha permanente y castigo de la disidencia.

Históricamente, la Inquisición (y en especial la española, 1478–1834) funcionó como tribunal de control de ortodoxia y también como herramienta de consolidación de poder político.
En paralelo, los sistemas coloniales como encomienda/repartimiento muestran cómo la imposición religiosa y social fue muchas veces de la mano de coerción y subordinación de poblaciones indígenas.

Por eso el espejo incomoda:
cuando una institución condena esos modelos en discurso, pero adentro reproduce mecanismos de filtro, vigilancia y castigo, aparece la acusación más devastadora de todas: doble moral estructural.

 

7) Rumores gravísimos:

En la base circulan menciones extremadamente graves (abusos, redes, encubrimientos, vínculos irregulares en distintos países).
 

Pero tampoco vale el silencio cómplice.
Lo correcto es exigir:

  • canales formales de denuncia,
  • preservación de prueba,
  • auditoría externa,
  • intervención profesional independiente cuando corresponda.

Ni rumor sin prueba, ni impunidad por jerarquía.

 

8) El triángulo del poder: texto, caja, castigo

Si se ordenan los testimonios, aparece una fórmula:

  • Texto: controlar qué se publica.
  • Caja: controlar cómo entra y sale el dinero.
  • Castigo: controlar quién habla y quién queda afuera.

Ese triángulo transforma la misión en administración de obediencia.
Y cuando la obediencia se vuelve el centro, la doctrina deja de iluminar: empieza a disciplinar.

 La crisis que se denuncia en la IGCA CEI Argentina no se corrige con comunicados.
Se corrige con verdad verificable y reformas concretas:

  1. Auditoría patrimonial y contable independiente.
  2. Trazabilidad de donaciones, recibos y destinos de fondos.
  3. Reglamento público de edición y circulación de obras.
  4. Revisión legal de sanciones y expulsiones cuestionadas.
  5. Protocolo real contra discriminación y abuso de autoridad.
  6. Comisión externa para denuncias sensibles.

Porque una comunidad espiritual se fortalece con luz, no con cerrojos.
Y cuando el poder se protege más a sí mismo que a su gente, ya no guía: administra miedo.

“Expulsar, cobrar, controlar: el triángulo que asfixia a la base gnóstica”


Y VAMOS POR MAS NO TIENEN VERGUENZA




Del templo al paquete premium

Congreso de Toledo 2026: cuando lo espiritual corre el riesgo de convertirse en negocio

Hay imágenes que no necesitan explicación: se explican solas.
La promoción del “Congreso Internacional Toledo 2026” aparece con sello de “Plan Premium”, destinos internacionales (España, Suiza, Francia, Italia), beneficios cerrados (tiquetes, desayuno, hospedaje, traslados, acompañamiento) y un precio explícito de $12.000.000 COP. No estamos ante un volante austero de formación espiritual; estamos ante una arquitectura de consumo con estética de élite.

Y ahí nace la pregunta incómoda:
¿esto es un congreso de conciencia o un producto de alto valor para capturar fidelidad, estatus y caja?

Lo que se discute no es “si hay costos”

Seamos serios: toda organización tiene gastos. Nadie discute eso.
Lo que se discute es qué ocupa el centro:

  • ¿la enseñanza y la práctica interior?,
  • ¿la ética, la transparencia y la verdad doctrinal?,
    o
  • ¿la segmentación por capacidad de pago, el marketing de urgencia y la lógica de paquete?

Cuando lo espiritual se comunica como “premium”, deja de hablar el lenguaje del servicio y empieza a hablar el lenguaje de la exclusión. Ya no se convoca por profundidad; se selecciona por billetera.

Del acompañamiento espiritual al “embudo comercial”

La pieza promocional no sugiere una simple logística. Sugiere una experiencia empaquetada con promesa de pertenencia, estatus y cercanía al núcleo de poder. Ese es el punto más álgido: el dinero no solo paga transporte o cama; empieza a comprar posición simbólica dentro de un sistema que se presenta como espiritual.

Ahí aparece una mutación peligrosa:
la comunidad ya no se ordena por mérito interior, servicio o claridad doctrinal; se ordena por acceso, consumo y alineamiento.

La economía del filtro: quién entra y quién queda afuera

Cuando el ticket de entrada es alto, la fraternidad se rompe.
No hay que romantizarlo: los precios elevados producen una frontera real entre “los que pueden estar” y “los que quedan mirando”. Y en una institución espiritual, esa frontera tiene un costo moral mayor, porque convierte la experiencia de búsqueda en un privilegio de pago.

La consecuencia no es solo económica: es psicológica y social.
Se instala una narrativa de superioridad de quienes acceden al circuito, y una narrativa de insuficiencia para quienes no llegan. Eso no forma conciencia; eso fabrica jerarquías.

El uso emocional del entusiasmo

También hay que decirlo sin rodeos: en muchos circuitos cerrados, el entusiasmo se administra como herramienta de control.
Primero se inflan expectativas (“evento histórico”, “llamado especial”, “oportunidad única”), luego se condiciona pertenencia, y finalmente se transfiere el costo a personas que muchas veces hacen esfuerzos desproporcionados para no sentirse afuera.

Cuando una estructura aprende a monetizar la ilusión, el daño no es solo financiero:
es espiritual, porque convierte la fe en mecanismo de extracción.

Poder, opacidad y obediencia

El problema de fondo no es un afiche: es el modelo que el afiche delata.
Si alrededor del congreso se consolidan denuncias de opacidad, decisiones cerradas, falta de criterios públicos y uso instrumental de cargos o representatividades, entonces el paquete turístico es apenas la superficie de algo más profundo: una economía de poder.

Dicho claro:
sin transparencia, la obediencia reemplaza al discernimiento;
sin rendición de cuentas, la autoridad se vuelve administración de lealtades.

Y cuando eso ocurre, cualquier discurso de “unidad espiritual” puede convertirse en cobertura retórica para prácticas de control interno.

La analogía inevitable: mercaderes en el templo

La escena bíblica de la expulsión de los mercaderes del templo no es un adorno literario. Es una advertencia estructural que sigue vigente:
cuando el espacio de sentido se captura por intereses comerciales, lo sagrado se degrada.

No se trata de moralismo ingenuo. Se trata de límites éticos básicos:

  • una cosa es financiar una actividad;
  • otra muy distinta es convertir la espiritualidad en modelo de negocio;
  • una cosa es organizar un encuentro;
  • otra es vender pertenencia y prestigio bajo lenguaje religioso.

Toledo 2026 como punto de inflexión

Toledo puede quedar como un hito de renovación ética o como el caso-testigo de una deriva:
de escuela espiritual a plataforma transaccional de influencia.

La decisión no depende del marketing. Depende de si hay voluntad real de corregir:

  1. Transparencia total de costos (qué se cobra, por qué y con qué respaldo).
  2. Separación clara entre misión espiritual y operaciones comerciales.
  3. Criterios públicos de participación y representación (sin favoritismos ni discrecionalidad).
  4. Acceso justo (becas reales, cupos sociales, mecanismos no excluyentes).
  5. Rendición de cuentas periódica (balances verificables y auditoría independiente).
  6. Prohibición de manipulación emocional en la captación.

Sin esto, todo discurso elevado suena hueco.

La denuncia no destruye: depura

Hay que romper un chantaje frecuente: criticar no es traicionar.
Pedir claridad no es atacar la espiritualidad; es defenderla de su captura.
Denunciar opacidad, abuso simbólico o mercantilización no es “hacer daño”: es impedir que el daño se normalice.

Porque si callamos, el costo lo pagan siempre los mismos:
los creyentes de buena fe, los que hacen esfuerzos económicos extremos, los que confunden obediencia con verdad y terminan entregando tiempo, dinero y dignidad a estructuras que no rinden cuentas.

 Cuando un congreso espiritual se ofrece como paquete premium, con lógica de consumo aspiracional y barrera económica alta, la pregunta ética deja de ser opcional.

No alcanza con liturgia, consignas y escenografía.
Sin transparencia, sin límites y sin justicia de acceso, lo espiritual se convierte en mercado.

Y cuando el templo se parece demasiado a un negocio, la crítica ya no es una postura:
es una obligación moral Y DOCTRINAL

 Que lejos estamos.
SE PERDIO EL NORTE HACE TIEMPO

 

 

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